
Los padres de la psicología positiva, Martín Seligman y Sonja Lyubomirsky, después de realizar diversas investigaciones, han establecido que la verdadera felicidad (F), la cual es duradera y está en constante construcción, sí tiene una fórmula precisa:
F = R + C + V
El primer aspecto compone el 50% de la fórmula, y es lo que se denomina rango base (R), que en otras palabras es la predisposición genética de una persona a tener un nivel determinado de intensidad en las emociones que experimenta. Este nivel puede verse exaltado o reducido por factores externos, pero siempre volverá a esa línea base de la cual partió la emoción. Es decir, se podría ser una persona naturalmente más ansiosa que los demás al vivir algo que cause preocupación y sentir mucho malestar por ello. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, con el paso del tiempo, la intensidad de la emoción siempre volverá a lo que es normal para esa persona. Esto sucede con emociones tanto positivas como negativas.
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El segundo componente de esta fórmula representa el 10%. El cual son las circunstancias dentro de las cuales se da la vida (C). Esto equivale a si una persona tiene un buen estado de salud o no, si tiene trabajo o se encuentra estudiando, cuánto dinero tiene a su disposición, el país en el que vive, la forma en la que fue criado, etc. En general, esta área se compone de todas las situaciones externas que han rodeado a la persona a lo largo de su historia de vida. Es muy común encontrar gente que se concentra únicamente en intentar cambiar esta área de su vida para lograr ser felices, cuando se ha demostrado que así sea que esto se logre, no tiene mucha influencia en el nivel de felicidad duradera del individuo. En definitiva, es un área de la cual se tiene poco control, sin embargo, algunas acciones en las que una persona puede involucrarse, sirven para mejorarla.

El último componente de la ecuación representa el 40% de las posibilidades que tiene un individuo de ser más feliz, y hace referencia a las acciones voluntarias en las que se involucra todos los días de su vida (V). O sea que, mejorando la forma en la que se piensa acerca de las circunstancias y mejorando las acciones en las que uno se involucra, se puede influir no solo en este 40% correspondiente a acciones voluntarias, sino que a su vez puede aumentar la cantidad y frecuencia de sentimientos positivos que experimenta - lo que está dentro del dominio del 50% de rango base - y consecuentemente, las circunstancias externas podrían empezar a cambiar en la medida en que las acciones que tengamos nos permitan hacerlo.
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La pregunta sería entonces ¿En qué clase de acciones podemos involucrarnos para ser más felices? La respuesta reside en cada uno de nosotros porque todos tienen diferentes gustos y pasiones. Una parte de la solución se encuentra en los pasatiempos que tengamos por fuera de la oficina. Piensa en qué es lo que te gusta hacer (ejercicio, leer, cocinar, bailar, salir con amigos, estar con la familia, etc.). Ahora pregúntate ¿Cuánto tiempo a la semana dedicas a esas cosas? Si le inviertes suficiente tiempo a esa actividad, bien. Si no, busca cómo podrías organizarte para incluirla dentro de tu horario.
Por otro lado, cuando quieras involucrarte en acciones que te hagan más feliz, incluso dentro de tu espacio laboral, idealmente busca cinco cosas:
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Emociones positivas: Se refiere a experimentar emociones positivas como la alegría, el amor, la gratitud, la serenidad y la esperanza. Fomentar y experimentar estas emociones positivas es esencial para aumentar la felicidad y el bienestar general.
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Compromiso: Implica estar completamente inmerso y comprometido con las actividades que realizamos. Cuando estamos en un estado de concentración, en una tarea que nos apasiona, nos sentimos más satisfechos y felices.
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Relaciones sociales: Las conexiones sociales y afectivas con otras personas son fundamentales para el bienestar. Tener relaciones significativas y de apoyo con amigos, familiares o compañeros de trabajo contribuye a una mayor satisfacción en la vida.
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Propósito: Encontrar un propósito y significado en lo que hacemos es un aspecto clave para la felicidad. Tener un objetivo más profundo y contribuir a algo más allá de uno mismo nos da una sensación de significado y trascendencia.
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Logro: Sentir que estamos logrando metas en diferentes áreas de la vida es esencial para una vida feliz. Establecer y perseguir objetivos significativos nos ayuda a crecer y desarrollarnos como individuos.
Recuerda que, a pesar de las circunstancias, la potestad de vivir una vida verdaderamente feliz se encuentra en ti. Las acciones en las que te involucres todos los días aportarán a la construcción de tu bienestar tanto material como psicológico. Y no se te olvide que, en los momentos de adversidad, es cuando más tienes que apoyarte en esas actividades significativas para ti.
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Lyubomirsky, S. (2021). La ciencia de la felicidad. Urano.
Seligman, M. E. P. (2007). La auténtica felicidad.