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Daniela Castro

Analista de Nuevos Negocios

Pueblos indígenas en aislamiento voluntario en Suramérica

Hace algunos meses en una de mis clases de maestría, tuve la oportunidad de aprender sobre un tema que nunca había escuchado y que cautivo mi atención por completo. No sabía que, en varios países de Suramérica, incluido Colombia, había presencia de Pueblos Indígenas en Aislamiento voluntario (en adelante PIA). Estos son grupos indígenas que nunca han sido colonizados o que no tienen ningún vínculo con personas que se encuentran fuera de su comunidad.

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La mayoría de estos grupos, se ubican en la selva Amazónica, pero por respeto a su decisión de pertenecer aislados solo es posible tener una idea de su ubicación y una estimación sobre la cantidad de pueblos en esta condición.

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La Comisión Interamericana de Derechos Humanos afirma que varios Estados de la región han reconocido más de nueve millones de hectáreas a favor de los PIA, en las cuales habitan aproximadamente 10.000 personas. Esto es un número importante y que causa curiosidad al no tener un rastreo de esta población, debido a que las condiciones en las que habitan son bastante particulares, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo globalizado en donde no estar conectado con otras personas y realidades no es fácil.

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Si bien, estas comunidades no se consideran parte de una Nación, son titulares de derechos por su misma vulnerabilidad.

 

En este sentido, garantizar los derechos de estos pueblos ha sido un verdadero reto para los Estados, las Organizaciones de la sociedad Civil, las ONGs y diferentes entidades que tienen que velar por la protección de los PIA frente a algunas amenazas tales como: la ocupación territorial por parte de grandes empresas que están en búsqueda de la explotación masiva de recursos naturales, las iniciativas de eco-turismo y etno-turismo, la colonización por parte de campesinos que buscan ampliar sus fronteras agrícolas, los contagios y epidemias con altos niveles de mortalidad dada la ausencia de defensas naturales frente a los agentes patógenos externos, las actividades de las misiones religiosas y distintos proyectos de catequización que están en la búsqueda de estas comunidades para seguir expandiendo sus creencias. 

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Personalmente, me generó demasiada curiosidad el tema porque no hay certeza alguna de cómo es su modo de vida, la forma en la que utilizan los recursos naturales, cómo se alimentan, cómo combaten las enfermedades, sobre todo después de la pandemia por el COVID-19, entre muchas otras preguntas que me surgieron en un mundo en el que alguna vez creí que era imposible aislarse por completo de la tecnología e incluso de otros seres humanos.

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