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Sergio Medina

Gerente de Proyecto

El camino hacia la transición energética

Este tema ocupa no solo los principales titulares de las agencias de noticias nacionales e internacionales, también se escucha en las conversaciones sobre la percepción de las acciones del nuevo Gobierno, principalmente porque se considera que las declaraciones sobre la “transformación económica” no solo impacta a la economía a nivel macroeconómico, sino que afecta a todos los ciudadanos, basta con citar el aumento del precio de la gasolina como un ejemplo.

Por otro lado, una política centrada en el “extractivismo” no tiene futuro, teniendo en cuenta que de acuerdo con los expertos, Colombia no se puede considerar un país petrolero con solo el 0,1% de las reservas mundiales, sumado a que los yacimientos más grandes y productivos ya fueron encontraron (su mayoría en fase de agotamiento) y los hallazgos futuros se consideran que serán marginales, situación que únicamente mejoraría a través de la aprobación de nuevos contratos de exploración, prácticas destructivas con el medio ambiente como el fracking o importando combustibles fósiles.

Ahora bien, la transformación energética no es algo que sea un lineamiento del nuevo gobierno, en cambio, es un tema que se viene promoviendo mundialmente y sobre los que la mayoría de los países se ha comprometido, en nuestro caso, Colombia propuso como meta la reducción del 51% de emisiones de gases de efecto invernadero a 2030 y de alcanzar la carbono neutralidad en 2050, calculando las inversiones en el primer objetivo por más de 280 billones de pesos.

Prueba de lo anterior es que para el 2019, se invirtió cerca de 2% del Producto Interno Bruto (PIB) en proyectos de energía renovable, de acuerdo con el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés), y la meta es acelerar la transición energética, es decir, aumentar la capacidad de generación a través de Fuentes No Convencionales de generación de Energía Renovable (FNCER) que actualmente contempla diecisiete granjas solares, dos parques eólicos y diez proyectos de autogeneración a gran escala, más los demás proyectos con lo que se espera que para el 2023 se multiplique por 100 veces la capacidad instalada de FNCER respecto al 2018.

Esta transición genera desafíos futuros desde el punto de vista de la flexibilidad para lograr que el sistema esté disponible cuando el usuario requiere su consumo, y desde la eficiencia energética a través de la implementación de nuevos modelos de almacenamiento e inclusión de nuevas tecnologías, con lo que se espera que el consumo energético, que es predominantemente de fuentes fósiles, más contaminantes o de dependencia climática (hidroeléctricas), se convierta a fuentes renovables no contaminantes.

Desde C & M Consultores hemos venido apoyando al Ministerio de Minas y Energía en este propósito a través de dos proyectos desde el año 2020:

ingeniero eléctrico
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  • El primero es la interventoría a la prestación del servicio de energía en el departamento del Amazonas, donde se genera actualmente cerca de un 12.87% de la energía de 37 localidades del departamento (diferentes a Leticia y Puerto Nariño) a través de FNCER, frente al 5% que se generaba cuando iniciamos nuestro proceso; además, se encuentra en evaluación la posibilidad de construir un parque de generación con paneles solares en la ciudad de Leticia que permita aumentar este porcentaje.

  • El segundo es la interventoría a la instalación de 1.248 soluciones solares fotovoltaicas en el departamento del Caquetá y 1.380 soluciones solares fotovoltaicas en el departamento del Chocó, los cuales se esperan entren en operación para el año 2023.

La experiencia adquirida en estos proyectos será importante para continuar involucrados en el proceso de Transición Energética, bien sea a través de la verificación del servicio por medio de FNCER, el transporte sostenible, la eficiencia energética o el desarrollo de nuevas tecnologías energéticas.

En conclusión, la Transición Energética es un hecho cuya hoja de ruta debe ser definida en el corto plazo, no solo desde el punto de vista ambiental para la reducción de gases de efecto invernadero sino desde el punto de vista económico, pues en la actualidad se tienen reservas para cerca de ocho años y aproximadamente el 32% de los ingresos por exportaciones del país corresponden a combustibles fósiles. Esto significa que el país podría perder su capacidad de ser autosuficiente en energéticos que son esenciales para nuestra economía, un argumento a favor sobre la descarbonización de la economía para disminuir la dependencia de las exportaciones del petróleo.

No obstante, la Transición Energética debe ser de manera paulatina mientras continúa la discusión sobre su futuro, dado que es un problema complejo que requiere lineamientos claros para la diversificación, reconversión y transición socioeconómica gradual y progresiva en regiones con vocación extractiva sin afectar la seguridad y confiabilidad energética, tomando como aliado a la tecnología y conocimiento geo-científico en minerales estratégicos, sin enviar señales contrarias al mercado que afecten a los ciudadanos del país y se contemple una canasta minera diversa que aporte recursos esenciales para nuestra economía de manera ambientalmente responsable.

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